A diferencia de lo que vociferan algunos telepredicadores estadounidenses, lo ocurrido en Haiti hace unos pocos días no se debe a malévolas fuerzas diabólicas invocadas por los ritos de brujería de los haitianos descendientes de esclavos africanos. Quizás si esto fuera cierto la solución o la prevención de cara al futuro sería más fácil. Pero no es así, y no vale recurrir a magias oscuras para explicar lo que muchos quieren hacernos creer como inexplicable. No es inexplicable, la tragedia tiene nombre y apellido. El culpable se llama Sistema Económico Mundial Capitalista, que sume a más de la mitad del mundo en la miseria más absoluta. Hoy mismo, uno de los efitoriales del diario El Páis dice lo siguiente: los ricos salen casi indemnes; los habitantes del distrito privilegiado escapan del terremoto sin un rasguño. Creo que la frase habla por sí sola. No es sólo el terremoto el causante de la catástrofe, sino las condiciones de las infraestructuras de las ciudades, la nula previsión, la pobreza endémica, etc. las que han multiplicado el efecto devastador del seismo.
La comunidad internacional se ha volcado con Haití. Esto está bien, más que bien, es verdaderamente excelente. Pero, ¿dónde estuvo esta misma comunidad en las décadas de dictaduras sangrientas? Y más importante aún, ¿qué va a hacer a partir de ahora, sobre todo los EEUU? ¿Van a promover un desarrollo desinteresado, basado en valores universales como la dignidad humana, los derechos, las libertades? ¿O van a convertir a Haiti en una pieza más del tablero internacional del poder?
martes, 19 de enero de 2010
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